Hay una vieja costumbre en muchas organizaciones: dedicar meses al diseño de un concepto de autorizaciones SAP, celebrar la salida a producción y, acto seguido, olvidarse de él. Es un error clásico. Porque un concepto de autorizaciones no se deteriora de golpe; lo hace poco a poco, ticket a ticket, excepción tras excepción, hasta convertirse en una maraña que nadie entiende y que todos sufren.
Para un CIO o un responsable de IT, el verdadero valor de un modelo de autorizaciones no se mide el día del arranque, sino cinco años después. Ahí es donde se demuestra si la inversión tenía fundamentos sólidos o si era solo una estructura destinada a sobrevivir a la puesta en marcha.
El mantenimiento debe considerarse una disciplina permanente. Esto implica definir responsables, documentar decisiones, registrar cambios y establecer procesos claros para que cada modificación pueda justificarse y auditarse. Cuando nadie es responsable de una autorización, el riesgo acaba siendo responsabilidad de todos.
Existen además algunas líneas rojas que no deberían cruzarse jamás. El uso de malas prácticas, la asignación de permisos excesivos “por si acaso”, la utilización de perfiles privilegiados fuera de contextos controlados o la alteración de estructuras de herencia sin respetar el diseño original terminan generando problemas operativos, riesgos de seguridad y costes innecesarios.
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